Una historia quizá no tan conocida por la gente. Se trata de la reina de Sabá quien viajó hasta el reino de Israel, a la ciudad de Jerusalén, tan solo para encontrar respuestas a diversas preguntas y problemas que tenía.

Para ir a Jerusalén, la reina de Sabá tuvo que emprender un largo viaje. Podría haber tomado la ruta marítima por todo el mar Rojo desde el sur hasta el norte, y entonces entrar por el río Jordán hasta llegar a Jerusalén; pero las escrituras dicen que llevaba un gran séquito con muchos camellos que llevaban un gran cargamento de oro, piedras preciosas y especias; así que la travesía parece haberse hecho por tierra; por lo cual tuvo que atravesar todo norte de África, es decir Etiopía, Sudán y Egipto para
entonces llegar a Israel.

Viendo todos estos datos, entonces nace la pregunta: ¿Por qué hizo ese viaje? Ella era la reina de un país, ¿para qué trasladarse tan lejos y por tantos días llevando un tesoro extraordinario para ir a ver a Salomón, el rey de otra nación?

Ahora bien, esta historia, como todas las anteriores, hablan de nosotros.

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